Alberto y Sandra lograron reclamar a la empresa instaladora después de que un mal servicio dejara expuesto su estudio de diseño
Alberto y Sandra habían levantado su estudio de diseño de interiores con mucho cuidado. No era solo un local donde atender clientes: era también una muestra de su forma de trabajar. La luz, los materiales, la distribución y hasta la entrada hablaban de ellos antes de que empezara cualquier reunión.
Por eso decidieron cambiar la puerta principal por una corredera moderna. Querían una entrada más limpia, más funcional y acorde con la imagen del estudio. Eligieron una empresa instaladora, revisaron el presupuesto y confiaron en que sería una mejora sencilla.
Pero desde el primer momento algo no encajó. La empresa tomó mal las medidas y la puerta no cubría completamente la entrada. Como solución rápida, añadieron un panel improvisado que desentonaba con el local y, peor aún, dejaba el espacio inseguro. Durante varios días, el estudio quedó parcialmente expuesto.
“Cuidamos muchísimo la imagen del estudio. Ver la entrada así, mal rematada y poco segura, fue desesperante.”
El problema no era solo estético. Alberto y Sandra tuvieron que contratar vigilancia nocturna para proteger el local mientras encontraban una solución. También gestionaron la retirada de la puerta y el transporte, con el tiempo y el coste que eso implicaba. Cada día que pasaba, la entrada del estudio recordaba una decisión que debía haber mejorado el negocio y terminó complicándolo.
Intentaron resolverlo directamente con la empresa instaladora. Llamaron, enviaron fotografías, explicaron el defecto y pidieron que asumieran su responsabilidad. Las respuestas no fueron suficientes. Nadie ofrecía una reparación real ni una compensación por los gastos que habían tenido que afrontar.
Entonces decidieron activar su seguro legal de onLygal, que habían contratado meses antes por recomendación de un cliente autónomo. No pensaban que fueran a necesitarlo por algo aparentemente tan cotidiano como una puerta, pero la situación ya les estaba afectando en dinero, imagen y tranquilidad.
“Desde el primer momento sentimos que alguien se hacía cargo. Eso nos permitió seguir trabajando sin vivir pendientes de cada llamada.”
El abogado asignado por onLygal revisó la documentación: presupuesto, factura, fotografías de la instalación, comunicaciones con la empresa y gastos derivados de la vigilancia, retirada y transporte. Al no obtener una respuesta satisfactoria por parte de la instaladora, preparó una reclamación por incumplimiento contractual.
También se coordinó la intervención de un perito para valorar el defecto de instalación y de un procurador para gestionar la demanda. Para Alberto y Sandra, esa parte fue clave. Ellos podían explicar que la puerta estaba mal instalada, pero necesitaban acreditar el daño de una forma ordenada y defendible.
Mientras el caso avanzaba, pudieron concentrarse en su trabajo. Seguían atendiendo clientes, preparando proyectos y sosteniendo el estudio, con la tranquilidad de saber que onLygal gestionaba el procedimiento y que los costes legales estaban cubiertos por su póliza.
“Pensábamos que un seguro legal era para problemas enormes. Al final nos ayudó en algo muy concreto que nos estaba bloqueando.”
Tras unos meses, el juzgado les dio la razón. Reconoció que la instalación había sido defectuosa y condenó a la empresa instaladora a devolver 1.850 euros entre la instalación fallida y los gastos derivados del problema.
La cantidad recuperada permitió cerrar una situación que se había vuelto incómoda y desgastante. Pero para Alberto y Sandra también hubo algo más importante: la sensación de haber defendido su negocio sin dejarse arrastrar por el miedo a los costes judiciales.
Hoy el estudio sigue creciendo, con una entrada segura y más acorde con lo que siempre habían imaginado para el local. La experiencia les dejó una lección sencilla: incluso los problemas que parecen pequeños pueden afectar mucho a una pyme cuando comprometen su imagen, su seguridad y su funcionamiento diario.
Gracias a la ayuda de onLygal, Alberto y Sandra pudieron reclamar por una puerta mal instalada y recuperar 1.850 euros sin asumir los costes legales del proceso.
*Historia inspirada en un caso real de onLygal

