Lo que empezó como una intervención rutinaria acabó complicándose, pero Marta pudo afrontarlo con el respaldo legal de onLygal
Cuando Marta decidió operarse de la vista, lo hizo con la ilusión de mejorar su calidad de vida. Activa y acostumbrada a un ritmo exigente, quería olvidarse de las gafas y ganar comodidad en su día a día. Eligió una clínica especializada en Barcelona, con buena reputación, convencida de que estaba en manos expertas.
Meses antes, y casi por precaución, había contratado un seguro legal tras la recomendación de un familiar. No respondía a una necesidad concreta, simplemente quería estar cubierta ante cualquier imprevisto.
La intervención se desarrolló con normalidad, pero diez días después comenzaron los problemas. Lo que en un principio parecía una conjuntivitis vírica terminó convirtiéndose en una queratitis persistente. Al no ver mejoría, decidió acudir a otra clínica, donde detectaron además una hipermetropía derivada de la operación.
La situación se complicó aún más cuando el cirujano se negó a realizar una segunda intervención —que estaba contemplada en el contrato— alegando una mala relación médico-paciente. A partir de ese momento, la clínica dejó de atenderla.
“Nunca imaginé que algo que debía mejorar mi vida terminaría afectando así a mi salud. Fue entonces cuando entendí lo vulnerable que puedes llegar a ser como paciente.”
Ante este escenario, Marta activó su seguro legal con onLygal. Desde el primer momento, el equipo jurídico se volcó en su caso: analizaron la situación en detalle y le explicaron, de forma clara, cuáles eran los siguientes pasos. Algo clave en un ámbito tan complejo como la negligencia médica.
Uno de los mayores desafíos fue conseguir un informe pericial. En este tipo de casos, no es fácil encontrar a un especialista dispuesto a evaluar la actuación de otro profesional. Aun así, se inició el proceso para reunir pruebas sólidas que permitieran valorar una posible reclamación.
Antes de recurrir a los tribunales, se intentó una resolución amistosa, mientras el caso avanzaba en paralelo hacia la preparación de una posible demanda. Durante todo el proceso, Marta contó con un acompañamiento constante, sabiendo en todo momento en qué punto se encontraba y qué opciones tenía sobre la mesa.
“Entendí que no basta con confiar. Cuando algo sale mal, necesitas a alguien que te respalde y te guíe, porque enfrentarse a una situación así en solitario es muy complicado.”
Finalmente, tras el análisis médico y las gestiones legales, se alcanzó un acuerdo con la clínica. En él se reconocieron las complicaciones derivadas de la intervención y Marta recibió una compensación económica de 5.800 €, acorde a los daños sufridos.
Todo el proceso —incluidos los costes de informes periciales y la defensa legal— estuvo cubierto por su seguro, evitando que tuviera que asumir un gasto adicional en un momento ya de por sí delicado.
Más allá de la compensación, Marta recuperó algo esencial: la tranquilidad de haber defendido sus derechos y de no haber tenido que afrontar sola una situación tan compleja.

