Un propietario resolvió un conflicto marítimo gracias a la mediación legal y recuperó la inversión en su embarcación
Mateo siempre había encontrado en el mar su lugar de descanso. Cada fin de semana salía a navegar frente a la costa de Valencia con la tranquilidad de quien conoce bien su embarcación y el entorno. Hasta que un día, en mitad de una ruta habitual, otra lancha se cruzó en su camino y el golpe fue inevitable.
Los daños en su barco eran evidentes: el casco abollado, equipos de seguridad rotos y varias averías que no podían esperar. En el mismo momento del choque, el patrón de la otra embarcación reconoció que la culpa era suya. Mateo pensó que bastaría con ese reconocimiento para llegar a un acuerdo rápido sobre la reparación.
Pero el tiempo fue pasando y nadie atendía sus llamadas.
“Lo primero que se me vino a la mente fue que tenía un seguro que me respaldaba. Saberlo me dio calma en un momento de mucha incertidumbre.”
Tras varias semanas sin respuesta, Mateo decidió no seguir esperando. Había contratado con onLygal un seguro específico para embarcaciones y sabía que, si las cosas se complicaban, ese respaldo iba a ser clave. Llamó a la compañía y relató lo ocurrido: el choque, el reconocimiento de culpa, las fotografías de los daños y las gestiones fallidas con la otra parte.
El equipo legal especializado en derecho marítimo le explicó que la prioridad era intentar una resolución amistosa. Por un lado, prepararon la reclamación con la documentación del incidente y la pericial de los daños. Por otro, advirtieron a Mateo de que, si la otra parte seguía sin responder, podrían acudir a los tribunales y gestionar la demanda en su nombre.
Para él, lo más importante era no tener que improvisar en un ámbito que desconocía. El seguro se ocupó de coordinar al procurador y al perito, además de redactar la demanda con todos los detalles necesarios para acreditar la responsabilidad de la otra embarcación.
“Me iban informando de cada paso y eso me dio mucha seguridad. No tenía que tomar decisiones a ciegas ni enfrentarme solo al otro propietario.”
El proceso judicial no terminó cuando el juez le dio la razón. Aun así, la otra parte no cumplió voluntariamente con la sentencia. Fue entonces cuando el equipo de onLygal se ocupó de ejecutar la resolución: gestionaron los trámites para que la indemnización se hiciera efectiva, reclamaron a los organismos competentes y se encargaron de que el pago llegara íntegro a Mateo.
Al cabo de los meses, la indemnización de 32.000 euros cubrió la reparación del barco y el tiempo que estuvo parado. Y, por decisión de la póliza, Mateo no tuvo que asumir los gastos legales que se generaron durante todo el proceso.
“Si no hubiera tenido el seguro, no sé cuánto tiempo ni dinero habría tenido que invertir. Evité costes imprevistos y pude centrarme en volver a salir al mar.”
Cuando Mateo recuerda aquel incidente, sabe que el valor del seguro fue algo más que una cláusula en un contrato. Le permitió tener un plan claro desde el principio, negociar con respaldo profesional y reclamar sin quedarse a medias. También aprendió que, en casos de choque entre embarcaciones, las promesas hechas en el muelle no siempre se cumplen.
Hoy, su barco está de nuevo en la costa listo para navegar. Y aunque sigue esperando que no vuelva a ocurrir algo similar, siente que, si surge un nuevo problema, no tendrá que enfrentarlo solo.
Con la ayuda de onLygal, Mateo consiguió que la otra parte asumiera los daños de un accidente marítimo, recuperando 32.000 € y evitando los costes legales que suelen acompañar a estos conflictos.

