Reclamamos con éxito contra la empresa instaladora que puso en riesgo su negocio.
Alberto y Sandra son socios y fundadores de un pequeño estudio de diseño de interiores. Habían invertido con mucho esfuerzo en un local que reflejara su estilo: elegante, funcional y lleno de luz. Por eso, cuando decidieron cambiar la puerta de entrada por una corredera moderna, querían que todo quedara perfecto.
Sin embargo, la empresa contratada hizo mal las medidas y la puerta no cubría completamente la entrada. Como “solución”, añadieron un panel improvisado que no solo desentonaba, sino que dejaba el espacio inseguro. Durante varios días, el estudio quedó parcialmente abierto. Para protegerlo, tuvieron que contratar vigilancia nocturna y gestionar la retirada de la puerta, además del transporte de la misma.
Tras varios intentos fallidos de resolver el conflicto directamente con la empresa instaladora, decidieron activar su seguro legal de onLygal que habían contratado meses atrás, por recomendación de un cliente que también era autónomo.
«Como una pequeña empresa, nos esforzamos cada día en cuidar nuestra imagen. Fue frustrante ver cómo algo tan básico como una puerta nos dejaba expuestos».
Se contactaron con onLygal e inmediatamente un abogado asignado al caso tomó el control de la situación: analizó la documentación, contactó con la empresa, y al no obtener respuesta satisfactoria, inició una demanda por incumplimiento contractual. También se encargó de coordinar un perito, que evaluó el defecto de instalación, y un procurador para gestionar la demanda.
Gracias al respaldo legal de onLygal, Alberto y Sandra pudieron seguir con su negocio mientras el caso avanzaba, con la tranquilidad de saber que no tendrían que hacerse cargo de ningún coste legal del proceso.
«Desde el primer momento sentimos que alguien se hacía cargo de verdad. Eso nos permitió respirar y seguir enfocados en nuestro trabajo sin la ansiedad de tener que resolverlo todo nosotros».
Tras unos meses, el juzgado les dio la razón: reconoció la instalación defectuosa y condenó a la empresa a devolverles 1.850 € entre la instalación fallida y los gastos derivados. Gracias a la póliza legal, no solo lograron recuperar una parte importante del dinero perdido, sino que pudieron enfrentarse al proveedor con seguridad y sin miedo a los costes judiciales. Hoy, esta pyme sigue creciendo, con la tranquilidad de saber que cuenta con un respaldo legal cuando más lo necesiten.
«Pensábamos que un seguro legal era para problemas más graves. Pero nos salvó en algo tan cotidiano como una puerta mal puesta».
*Historia inspirada en un caso real de onLygal

